Alejandro Pérez
20 de enero de 2026
Nayarit es otro de los 17 estados que renovarán su gobierno estatal en las elecciones de 2027, y su comportamiento electoral presenta rasgos que lo distinguen —para bien y para mal— del resto del mapa político nacional.
Las encuestas de Cripsom (enero de 2026) colocan a Morena al frente de la intención de voto, con un promedio cercano al 46.2 %, en un contexto de competencia interna intensa y una oposición fragmentada, sin un liderazgo claramente dominante. Los datos por aspirante, al día de hoy, son los siguientes:
Morena
Héctor Santana García: 33.4 %
Geraldine Ponce: 13.4 %
Gustavo Ayón: 13.4 %
Pavel Jarero Velázquez: <10 %
Ninguno: 18.3 %
PAN
Ivideliza Reyes: 31.9 %
Ninguno: 18.3 %
José Antonio Barajas: 8.2 %
José Ramón Cambero: 3.4 %
PRI
Ninguno: 34.8 %
Manuel Cota Jiménez: 13.2 %
Hilaria Domínguez Arvizu: 2.9 %
Enrique Díaz López: 1.8 %
Movimiento Ciudadano (MC)
Ninguno: 54.2 %
Luis Zamora: 20.8 %
Ignacio Flores Medina: 19.8 %
Gloria Núñez Sánchez: <10 %
Fuente: Cripsom, 9 de enero de 2026
A este escenario se suma CE Research (12 de enero de 2026), que coloca a Geraldine Ponce como puntera interna en Morena por encima de Héctor Santana, con una ventaja aproximada de 9 puntos sobre Ivideliza Reyes (PAN) en escenarios abiertos. El mismo estudio registra bajo nivel de indecisos (6.1 %) y señala a la corrupción como la principal preocupación ciudadana (41 %).
Ahí está, con toda claridad, la guerra de encuestas.
Cuando el “ninguno” pesa más que los nombres
Los datos de Cripsom revelan un fenómeno que suele minimizarse en los análisis complacientes: el voto sin candidato definido se está convirtiendo en un actor central del proceso electoral.
Morena: ventaja nominal, fragilidad latente
• Héctor Santana encabeza las preferencias con 33.4 %, cifra competitiva en apariencia. Pero el dato verdaderamente relevante es otro:
• “Ninguno” alcanza 18.3 %, convirtiéndose en la segunda fuerza interna.
• Geraldine Ponce y Gustavo Ayón empatan con 13.4 %, reflejando fragmentación y ausencia de un liderazgo indiscutible.
• Pavel Jarero permanece por debajo del umbral mínimo de competitividad.
Esto sugiere que una parte relevante del electorado morenista no se siente representada, lo que anticipa conflictos internos, menor movilización y un riesgo real de fuga de voto cuando las candidaturas se formalicen.
PAN: orden relativo, crecimiento limitado
• En el Partido Acción Nacional, Ivideliza Reyes registra 31.9 %, apenas 1.5 puntos por debajo del puntero morenista.
• El “ninguno” panista también alcanza 18.3 %, pero no supera al primer lugar.
• El resto de los aspirantes se mantiene claramente rezagado.
El PAN no luce fuerte, pero sí más ordenado que Morena. Su problema no es la dispersión, sino el techo electoral.
PRI: el vacío como mensaje
• El Partido Revolucionario Institucional ofrece una señal todavía más contundente:
• “Ninguno” lidera con 34.8 %.
• Manuel Cota Jiménez apenas alcanza 13.2 %.
• El resto de los nombres es marginal.
El mensaje es inequívoco: el priismo no está buscando candidato; está buscando sentido. El voto existe, pero carece de anclaje, lo que abre la puerta tanto a alianzas pragmáticas como a deserciones silenciosas.
Movimiento Ciudadano (MC): la anomalía que anticipa tendencia
El dato más disruptivo del estudio está en Movimiento Ciudadano:
• “Ninguno” concentra un abrumador 54.2 %.
• Aun así, MC supera en preferencia agregada a partidos con candidatos visibles.
• Luis Zamora (20.8 %) e Ignacio Flores Medina (19.8 %) confirman que el partido cuenta con un piso electoral sólido, incluso sin definir abanderado.
Aquí ocurre lo políticamente relevante: Movimiento Ciudadano, sin candidato, tiene mayor respaldo potencial que Morena con Héctor Santana, y muestra un margen de crecimiento superior al del PAN y el PRI.
No es adhesión a personas. Es adhesión a una marca-válvula de escape, un refugio para electores que no desean regresar al pasado, pero tampoco se sienten plenamente representados por el presente.
La importancia de gobernar bien
A diferencia de Colima, Sonora y otros estados donde la violencia, el desgaste institucional o las crisis de gobierno pesan directamente sobre las preferencias electorales, Nayarit llega a 2027 desde una posición relativamente distinta.
El gobierno de Miguel Ángel Navarro Quintero (Morena, 2022–2027) mantiene una aprobación sólida, estimada por encima del 50 % (CE Research, enero de 2026), con una narrativa centrada en turismo, inversión y estabilidad económica. Reconocimientos federales e internacionales —como la proyección turística 2026 y el crecimiento sostenido de visitantes— fortalecen su imagen, al igual que proyectos de infraestructura y diálogo con el sector empresarial.
En materia de seguridad, aunque persisten retos, no se registran crisis graves ni picos de violencia comparables con los de otras entidades. No hay masacres recientes ni disputas visibles de alto impacto entre grupos criminales, lo que reduce el desgaste político del gobierno estatal.
Y ahí está la diferencia central.
Mientras en Colima y Sonora el voto se mueve contra los gobiernos, en Nayarit el voto todavía se explica desde la gestión. Aquí, Morena no avanza por inercia ni sobre escombros institucionales; avanza porque no ha roto del todo el contrato con la ciudadanía.
Pero hay una advertencia clara: cuando el “ninguno” comienza a pesar más que los nombres, incluso en estados relativamente estables, no es un detalle menor. Es una señal temprana de desgaste.
Nayarit no es hoy un foco rojo para Morena. Pero tampoco es un cheque en blanco.
Porque en 2027, incluso los estados “tranquilos” pueden cambiar de humor. Tan solo hay que recordar Las elecciones del 2025.
Cuando eso ocurre, ni las encuestas ni las marcas alcanzan para contener lo que ya no se quiso escuchar a tiempo.
