Estimada dirigente Estatal del PAN en Veracruz, Ana Ledezma: Hay un dicho que dice: «a buen servicio, mal pago». Nunca creí que me tocaría vivirlo en mi propia casa, en mi propio partido.
Hoy, con la pena que solo provoca la distancia y el menosprecio, me atrevo a escribir.
No se me olvida que cuando nadie quería ser candidato a la presidencia municipal, cuando el partido necesitaba una cara y nadie quería asumir esa responsabilidad, fueron a buscarme hasta mi casa. Ahí estuve. Puse mi nombre, mi familia, mi tiempo y mi dignidad al servicio del partido.
En ese momento sí representaba una esperanza. Hoy, ¿qué soy? Hoy ni siquiera me invitan. Ni a las reuniones importantes, ni a las de poca monta. Para ustedes ya no existo.
Y por eso hoy levanto la voz y protesto de manera enérgica. No por mí, sino por todos los que, como yo, se sienten relegados.
Le pregunto con todo respeto, dirigente: ¿Qué clase de partido quiere construir en Veracruz? ¿No era su planteamiento voltear a ver a la militancia valiosa? ¿No era su bandera abrirles la puerta a las mujeres?
Si esto me lo hace a mí, que fui su candidata a la presidencia municipal, ¿qué pueden esperar nuestros simpatizantes de a pie, los que no tienen voz ni voto?
Un partido que no cuida a los que le dieron la cara cuando nadie quería, es un partido que está condenado a quedarse solo.
Por cierto, escribo «dirigente» y no «líder», porque para ser líder hay que ganárselo con hechos, con inclusión y con respeto a la base, y eso, en este momento, aún queda lejos.
Atentamente
IMELDA CAMACHO LÁRRAGA
EXCANDIDATA A LA PRESIDENCIA MUNICIPAL DE PAPANTLA
(Militante que aún cree en el partido, pero que ya no cree en sus «dirigentes»)




